Habla todo el mundo del avión estrellado en los Alpes, de los
pasajeros, del copiloto, de los familiares que viajan al lugar del suceso… poco
más se puede añadir a la perplejidad de que haya ocurrido un suceso como éste.
Al margen de las noticias, de los rumores, de la recuperación de
los cuerpos de las víctimas, de la caja negra… hay algo que me ha llamado la
atención en los periódicos. Una esquela.
Se refería a cuatro personas fallecidas en el accidente. Cuatro
empresarios catalanes, tres de la misma familia y otro más. Desconocidos para
mí, desde luego.
La esquela tenía esta leyenda:
“Desde siempre y para
siempre un modelo a seguir, uno tras otro hasta CUATRO.
Siempre permanecerán en
nuestros corazones y su voluntad nuestras metas.
Si un día narran su
historia, cuenten que andaban entre gigantes”.
Y se refería a la gran familia de las empresas a las que
pertenecían.
No tengo la menor idea de quiénes eran estas personas, de sus
empresas, de sus relaciones con los trabajadores… pero reconforta saber que hay
personas que consideran gigantes a sus compañeros, un modelo a seguir.
En medio de la mediocridad que tantas veces aparece delante de nuestros
ojos, de las mezquindades que se adivinan detrás de tantas noticias diarias,
surgen estas tres frases que descubren la grandeza que hay detrás de muchas
personas, aparentemente iguales que las demás.
Hay gigantes entre nosotros. Gente capaz de hacer las cosas bien,
de luchar por hacer mejor el mundo que les rodea y, por tanto, el mundo de
todos.
Pues enhorabuena a quienes les han conocido. Y enhorabuena
a todos nosotros si somos capaces de reconocer a los gigantes que hay
alrededor. Porque sin duda existen también cerca de cada uno.

