lunes, 6 de abril de 2015

ENTRE GIGANTES


Habla todo el mundo del avión estrellado en los Alpes, de los pasajeros, del copiloto, de los familiares que viajan al lugar del suceso… poco más se puede añadir a la perplejidad de que haya ocurrido un suceso como éste.

 Pero ocurre. Las personas somos así: imprevisibles. Capaces de lo peor y de lo mejor.

Al margen de las noticias, de los rumores, de la recuperación de los cuerpos de las víctimas, de la caja negra… hay algo que me ha llamado la atención en los periódicos. Una esquela.

Se refería a cuatro personas fallecidas en el accidente. Cuatro empresarios catalanes, tres de la misma familia y otro más. Desconocidos para mí, desde luego.
 
La esquela tenía esta leyenda:

“Desde siempre y para siempre un modelo a seguir, uno tras otro hasta CUATRO.
Siempre permanecerán en nuestros corazones y su voluntad nuestras metas.
Si un día narran su historia, cuenten que andaban entre gigantes”.

 
Y se refería a la gran familia de las empresas a las que pertenecían.


No tengo la menor idea de quiénes eran estas personas, de sus empresas, de sus relaciones con los trabajadores… pero reconforta saber que hay personas que consideran gigantes a sus compañeros, un modelo a seguir.

En medio de la mediocridad que tantas veces aparece delante de nuestros ojos, de las mezquindades que se adivinan detrás de tantas noticias diarias, surgen estas tres frases que descubren la grandeza que hay detrás de muchas personas, aparentemente iguales que las demás.

Hay gigantes entre nosotros. Gente capaz de hacer las cosas bien, de luchar por hacer mejor el mundo que les rodea y, por tanto, el mundo de todos.

Pues enhorabuena a quienes les han conocido. Y enhorabuena a todos nosotros si somos capaces de reconocer a los gigantes que hay alrededor. Porque sin duda existen también cerca de cada uno.
 

lunes, 16 de marzo de 2015

UN PUEBLO ADULTO


El otro día escuché en una conferencia, unas palabras de Francisco Giner de los Ríos, que me llegaron. La verdad es que no fui capaz de retenerlas, porque fueron dichas de pasada y apenas me dio tiempo a “saborearlas”.

Francisco Giner de los Rio
Pero internet es la solución para todas estas cosas. No me costó demasiado encontrar esas palabras que me habían “tocado”: enseguida algo volvió a vibrar en mi al verlas escritas en la pantalla del ordenador.
 
Esas palabras están dichas por el fundador de la Institución Libre de Enseñanza, tras el desastre del 98, y son las siguientes:

 

“En los días críticos en que se acentúan el tedio, la vergüenza, el remordimiento con esta vida actual de las clases directoras, es más cómodo para muchos pedir alborotados con gritos -‘una revolución’, ‘un gobierno’, ‘un hombre’, cualquier cosa...- que dar en voz baja el alma entera para contribuir a crear lo único que nos hace falta: un pueblo adulto”.

 
¿Es mucha fantasía pensar que estas palabras, de hace algo más de un siglo, nos vienen como anillo al dedo?

¿Qué es un pueblo adulto? Miro alrededor y pregunto: ¿somos un pueblo adulto?


No, creo que no lo somos. Cada uno buscamos solamente el interés propio. Pasamos de puntillas por las cosas de los demás, cuando no con un gesto de indiferencia o incluso de desprecio… ¿Qué son para mí los problemas de los otros? Nada, ni siquiera una anécdota.


 
Y esto que veo en mí y en mi entorno, se agranda como una mancha de aceite… y lo veo más allá. Entre los que tienen mucho y entre quienes tienen menos. Los políticos, los artistas, los obreros, los empresarios, los funcionarios, las amas de casa, la gente de a pie… busca primero lo suyo y mira de reojo las dificultades de los demás.

Dice Giner de los Ríos que lo más cómodo es gritar. Y lo difícil es asumir una tarea y asumirla dando todo. Pero la tarea merece la pena: ayudar a crear un pueblo adulto.

Me paro un momento en esto. Desde la ventana veo el cielo azul. Parece que empieza a despuntar la primavera, hay pequeñas flores que brotan, incluso escucho ya algunos pájaros cantando… Hay esperanza, entonces.

Y caigo en la cuenta de que, aunque sea en voz baja, sin que se note, sin hacerse visibles, hay muchas personas que están ayudando a crear un pueblo adulto. ¿Por qué no “reconocerlas”? Pararse y poner cara a todas esas personas para quienes los problemas de los otros parecen ser propios; a todas esas personas que educan a otros para formar parte de ese pueblo adulto, desde la familia o el colegio o la universidad o el tiempo libre…

Yo conozco a algunas. Y habrá muchas más. Pienso es una tarea para mí: ir conociéndolas. Y todavía más allá: desde mi pequeña parcela, ¿no puedo ser también de los que ayudan a crear un pueblo adulto?

 
 

domingo, 8 de marzo de 2015

CONTAGIARSE


Kiran Bir Sethi
 
 
Después de haber escrito el post anterior, recordé una charla, de hace ya unos años, de una profesora india, Kiran Bir Sethi. Charla que está recogida en uno de los videos TED.

 


Podéis encontrarlo en: https://vimeo.com/115796625

 
Su tesis es que hay que “infectar” a los niños de un virus que es: “yo puedo”; “nosotros podemos”. Porque si uno está “infectado” podrá hacer grandes cosas, aunque sea un grupo de niños de los que, en principio, no esperamos grandes cosas.

Dice ella que “se infectó” cuando tenía 17 años y en la escuela de diseño los profesores creyeron en ella y en su capacidad. Eso la cambió. Y decidió que tenía que “infectar” a más gente para que el mundo pueda cambiar. Su charla empieza: “Contagioso es una buena palabra”.

Cuando fundó una escuela, cayó en la cuenta de que si los niños aprenden en su contexto cotidiano, si no hay demasiadas barreras entre la escuela y la vida, los niños ven que puede haber un cambio y, al final, que ellos pueden dirigir ese cambio. Cuando descubren que pueden hacerlo, se vuelven más competentes.

En el video, pone algunos ejemplos reales. En su escuela, para hablar de los derechos humanos, los niños estuvieron ocho horas enrollando barritas de incienso, como hacen los niños obreros. Acabaron molidos, experimentaron el trabajo infantil, y salieron a la calle a hablar con la gente y a denunciarlo. Se vieron capaces de hacerlo.

Desde su escuela, Riverside, en una ciudad de la India, contagiaron a otras escuelas y, en distintos puntos de la India, los niños hicieron muchas cosas: desde enseñar a sus padres a leer, impedir matrimonios infantiles, hasta cambiar la ciudad a favor de los niños.

Contagiarse es la palabra. Contagiarse de la seguridad de que pueden cambiar el mundo. Los niños pasan de “la maestra lo dice” a “yo lo hago”. Y entonces son capaces de hacer las cosas muy bien. Cuando creemos que los niños son capaces, ellos lo son.

La profesora se pregunta al final de su charla: ¿quién va a hacer esto, si no nosotros? ¿cuándo, si no ahora?

Pues pensaba en los jóvenes del video. ¿Qué habrían hecho si, desde pequeños, hubieran estado “contagiados”? Seguramente emplearían sus energías en algo mejor, en algo que ayude, que cambie el mundo.

Me quedo, al final, con eso: contagioso es una buena palabra.
 
 
 
 

viernes, 6 de marzo de 2015

EL VIDEO


Estos días mucha gente hemos estado siguiendo los acontecimientos que han sucedido alrededor de un video que ha circulado por la red, con miles de visitas. El del chico que, aparentemente para hacer una gracia, golpea en las piernas a una mujer que espera en un semáforo. Un amigo está con él, lo graba en video y lo difunden a través de internet.

Ya sabemos lo que ha pasado después: la policía pidió la colaboración ciudadana y han identificado a los dos chicos, que viven a cientos de kilómetros de donde realizaron su “hazaña”. Les han imputado, quizá haya juicio, les multarán…

Al margen de que los hayan identificado, de lo que ocurra después, yo me hago algunas preguntas:

¿Cómo es posible que dos jóvenes de casi treinta años, con formación universitaria, se diviertan haciendo daño a alguien que ni siquiera conocen?

¿Qué pasa por la cabeza de esos jóvenes para hacer una cosa así? Porque no es un impulso momentáneo, casi inconsciente. No. Es algo pensado entre los dos y que realizan como una hazaña.

¿Cómo se puede hacer un daño gratuito y presumir de ello? Colgar el video en la red es presumir de la hazaña realizada. Aunque, claro, con matices. Porque no lo hacen en su pueblo, sino lejos, donde no son conocidos…

Sigo haciéndome preguntas: ¿Cómo es nuestra sociedad para que cosas como ésta ocurran con cierta frecuencia? Una sociedad en la que hablamos demasiado de derechos, de respeto, de…

¿Nos extraña luego, que en las ciudades europeas, haya jóvenes sin demasiado futuro, desarraigados, que se enrolen en las filas yihadistas?
 
 

¿Hay algo que hacer? Pienso desde mí. Ser rigurosa con el respeto a los demás.  No aceptar ni permitirme excepciones, por pequeñas que sean.

Y si pienso más en global: ¿no es el momento de hacer triunfar entre padres y educadores la convicción de que hay que transmitir el respeto a los demás desde los primeros años? Y esto también sin excepciones, por pequeñas que parezcan.


Esta canción era el himno del colegio
Americano que estudie.
¡Me encantaba!