Estos días mucha gente hemos estado
siguiendo los acontecimientos que han sucedido alrededor de un video que ha
circulado por la red, con miles de visitas. El del chico que, aparentemente
para hacer una gracia, golpea en las piernas a una mujer que espera en un
semáforo. Un amigo está con él, lo graba en video y lo difunden a través de
internet.
Ya sabemos lo que ha pasado después: la
policía pidió la colaboración ciudadana y han identificado a los dos chicos,
que viven a cientos de kilómetros de donde realizaron su “hazaña”. Les han
imputado, quizá haya juicio, les multarán…
Al margen de que los hayan identificado,
de lo que ocurra después, yo me hago algunas preguntas:
¿Cómo es posible que dos jóvenes de casi
treinta años, con formación universitaria, se diviertan haciendo daño a alguien
que ni siquiera conocen?
¿Qué pasa por la cabeza de esos jóvenes
para hacer una cosa así? Porque no es un impulso momentáneo, casi inconsciente.
No. Es algo pensado entre los dos y que realizan como una hazaña.
¿Cómo se puede hacer un daño gratuito y
presumir de ello? Colgar el video en la red es presumir de la hazaña realizada.
Aunque, claro, con matices. Porque no lo hacen en su pueblo, sino lejos, donde
no son conocidos…
Sigo haciéndome preguntas: ¿Cómo es nuestra
sociedad para que cosas como ésta ocurran con cierta frecuencia? Una sociedad
en la que hablamos demasiado de derechos, de respeto, de…
¿Nos extraña luego, que en las ciudades
europeas, haya jóvenes sin demasiado futuro, desarraigados, que se enrolen en
las filas yihadistas?
¿Hay algo que hacer? Pienso desde mí. Ser
rigurosa con el respeto a los demás. No
aceptar ni permitirme excepciones, por pequeñas que sean.
Y si pienso más en global: ¿no es el
momento de hacer triunfar entre padres y educadores la convicción de que hay
que transmitir el respeto a los demás desde los primeros años? Y esto también
sin excepciones, por pequeñas que parezcan.
Esta canción era el himno del colegio
Americano que estudie.
¡Me encantaba!

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