El calor empieza apretar en
Madrid, parece que ya llega el verano. Y lo del dicho “hasta el cuarenta de
mayo no te quites el sayo” esta vez no se ha cumplido, pues a cuarenta de mayo hace
un calor considerable.
Antes de montarme al coche para
subir a mi casa, a la 1:30 horas de la madrugada, he podido percibir cómo las
cucarachas andan a sus anchas por las acaloradas aceras de Madrid. Ante
semejante espectáculo me he subido al coche con la sensación de llevar encima
unas cuantas, por lo que he sentido una cierta sensación de repelús. La mente
es traicionera y pensaba que tenía encima unas cuantas… pero era imposible que
ninguna se hubiera acercado, pues ya me había encargado yo de espantarlas… ¡Hacía
mucho tiempo que no veía tantas juntas!. Algún día os contaré algo sobre este
asqueroso bicho. Hoy el tema es otro.
Cena con un grupo de personas.
Podría describir a cada una de ellas, pero tampoco es el motivo de mi blog de hoy.
Peso unos cuantos kilos de más,
por no decir que estoy haciendo un régimen estricto desde enero y que he
perdido ya 7 kilos… Soy obesa actualmente por motivos concretos.
Desgraciadamente o afortunadamente, según se mire, me engorda hasta el aire.
En diciembre mi madre se fue,
después de 33 años en Madrid, a vivir a su tierra natal, cosa que género en mí
una cierta ansiedad de manera que el simple hecho de respirar me engordó unos
cuantos kilos; en diciembre comencé mi carrera de autónoma como “Profesional
independiente en el campo de las publicaciones”, lo que se llama: “Asesoramiento y soluciones “Know-how” a editoriales”. Un
nuevo reto profesional: vivir de mi experiencia como asesora. Resultado conseguido,
pero la consecuencia son otros cuantos kilos de más. Además me volví a independizar, después de un
bache en la vida en la que tuve que volver a vivir a casa de mi madre. Buscar
una casa acorde a mis posibilidades económicas, encontrar ese lugar en el que
hacerlo mío, más la mudanza sola, el reconstruir otra vez la vida con éxito, me
ha llevado a engordar otros tantos kilos.
Resumiendo,
si sumo todos los kilos añadidos a mi cuerpo en los últimos tiempos, el
resultado es el siguiente:
·
7 kilos la marcha de mi madre
·
5 kilos buscar trabajo como autónoma que me
permita vivir
·
9 kilos búsqueda de casa, mudanza solitaria,
etc.
·
6 kilos de más por dejadez, porque a veces la
vida pesa y cuando engorda el respirar…
·
Resultado: 25 kilos en pocos meses que se han
añadido a mi cuerpo.
No me gusta ser gorda. Hay gordas
que son felices y están bien con su cuerpo, pero no es mi caso. Desde hace un
tiempo estoy haciendo lo posible por quitarme kilos, a ciertas edades ya
es más complicado, pero lo conseguiré.
No me importa el tiempo, tampoco voy a ser una esclava del peso, pero hago lo imposible
por cuidarme y no digo que me esté resultando fácil. Aunque tengo una cosa
clara: mi cuerpo es el que es y yo sigo siendo la misma y aunque sea cursi “lo
esencial es invisible a los ojos”, tal vez en mi robusto cuerpo haya más
corazón que grasa.
Vivo en una casa que me encanta:
es un loft moderno en el que todo son paredes altas y con unas vistas
increíbles, la luz entra a raudales y el atardecer es impresionante. Duermo
viendo las estrellas y trabajo encima de las nubes o en medio del cielo. A veces
tengo la sensación que mis pies cuelgan en la nada y es maravilloso.
El ser autónoma permite cosas que
son impagables, como el subirte con el ordenador a la piscina a trabajar o
hacerlo un domingo cuando la gente descansa. Prometo que jamás volveré a tener
un contrato. Soy feliz haciendo lo que hago, trabajo para gente que yo elijo y
son maravillosos y los tiempos me los marco yo. Seguramente esté trabajando más
que nunca, pero ahora soy yo quien elige lo que hago y el con quien hacerlo
también. Tengo unos compañeros de camino que son alucinantes, es seguramente el
premio a tantos años de trabajo en el sector.
Perdón, me estaba desviando del
tema que me trae hoy aquí.
Estamos a 10 de junio y sigo
estando gorda, estoy morena, pero no me cuelgan las carnes. He retomado mi
ritmo de nadar y soy feliz.
Puedo decir que soy una gorda
mona, como hoy me dijo una persona. El resto no hizo más que devaluarme como
persona, sin darse cuenta que a veces los kilos no lo son todo. Dentro de mí tenía
cierta sensación de felicidad, que ninguno fue capaz de robarme ni un segundo.
Cenando, miraba al resto de
comensales y quitando a un par de personas que quedan disculpadas, una por ser
una gran luchadora y la otra porque me quiere de verdad, entre las demás me
sentí Audrey Hepburn en “Desayuno con diamantes”.
La extrema delgadez, la palidez
de tez y la poca gracia vistiendo me hace confirmarme que prefiero a una gorda
sana que una delgada sin vida.
La vida no es como nos ven, sino
como nosotros nos percibimos.
Y a
disfrutar del verano que todos nos lo hemos merecido.



No hay comentarios:
Publicar un comentario