viernes, 1 de agosto de 2014

Madrugada de sol y de soles.


¿Se pueden medir los momentos?
Tengo ganas de escribir, de pintar, de expresarme o de simplemente sentir calor.

Expresarme, estirarme, explayarme, sentir el silencio o la presencia de escucharme y saber que estoy, que siento, vibro y conservo.

 
Noche de amigos, de buena conversación y de mirar al mundo, de risas absurdas y pasarlo bien, de vino, cigarro y cariño.  De arte, creatividad y de expresar ese que todos tenemos dentro y que ocultamos por miedos, de exaltación de la amistad, de borrachera sana y cariñosa. De miradas cómplices y susurros, de carcajadas absurdas pero llenas de sinceridad, de sentir el día, la compañía, la vida y la razón sin razón...

Mirada cómplice, esa que escondo.


 
¿Y cuándo?
Tres y media de la mañana y sin embargo necesito expresarme, no me importa la hora me encantaría que fuera el día y no la noche para extenderme en el tiempo y aprovechar cada minuto de este momento mágico, encantador y real o irreal pero momento mío. Momento en el que me siento yo abierta y expuesta a las cosas bellas y bonitas. Al encuentro con mi yo más miserable y profundo, con mi yo simpático y antipático, con mi yo... y dejarlo sentir...

 
No me reconozco escribiendo o no me quiero sentir escribiendo pero está también soy yo, esa que permanece en silencio, escondida, callada reservando su mundo para ella aunque la sorpresa de abrirse parece que comienza en los rayos o una luz fuerte interrumpe esa reserva de mi yo más profundo y silencioso. Mi yo más yo, ese que está, permanece y calla. Ese que se asoma observa, ve y se esconde para permanecer en su rincón protegida o desprotegida pero aislada.

 
Ilustración de unos cuentos sobre
Olivia de  Ian Falconer que me
encantan
Bella criatura, silenciosa y cálida. Sin embargo atemorizada por el más allá o el presente inmediato pero soñadora e ilusionada con un futuro abierto y libre. Lleno de aire, cielos y mares en los que andar, volar o nadar. Agarrada a la cuerda de la vida, como el trapecista sin vértigo ni miedo, segura de que la vida no es un espectáculo que es como es y que yo también formo parte de él.

 

Espero la llamada de la puerta y del cariño, de la fusión del abrazo y la expresión esa que nunca me permití y que ahora espera... no importa la hora qué más da cuando.  La noche es todavía mía y soy ya la que marco los tiempos...

 

Noche de estrellas, de soles y de Sole... y de buena compañía.
 
 


La vida no deja de sorprender.

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