martes, 8 de julio de 2014

La señora X


Madrid, 6 de julio de 2014
 
Tras mucho tiempo escuchando a mis verdaderos amigos que me insistían en que me debía de poner a escribir lo que va pasando en mi vida, he decidido -con toda la vergüenza del mundo- empezar a hacerlo. No podré nombres verdaderos, ni me mofaré de nadie, ni haré daño… disfrazaré un poco las cosas, sólo intentaré reírme de mi  propia situación y de lo que acontece en el día a día, pues la verdad es que -tal como suceden las cosas- es para relatarlas y tomarme la vida con bastante más humor.

Las suelo usar cuando salgo
tipo mono neopreno.
Estas son de diario.
Soy una persona normal y corriente. O anormal, según se mire. Tengo 45 años, soy bajita, gorda, pero resultona, deportista (aunque en el cuerpo no se me note por el pandero que tengo, pues llevo bragas a lo Bridget Jonesy de profesión parada. Aunque soy: carpintera, pintora de brocha gorda y fina, fontanera, taxista, psicóloga, pedagoga, limpiadora, dependienta, restauradora de muebles, albañil, jardinera, educadora… Tengo un master cum laudem en relaciones institucionales, psiquiatría y en resolución de conflictos para otros. También soy doctora en: protocolo, comunicación, marketing, creatividad. Experta en creación de bisutería, decoración, presentaciones, ruedas de prensa, sellos corporativos, diseño de logos, encuadernación, cuentista, monóloga,  fotógrafa, piñatas, cuadros…  e idiota del bote.

Sí, llevo en paro dos años y pico, para qué ocultarlo más. Pertenezco a la mayor empresa de España: el INEM. Tendría que estar orgullosa de formar parte de semejante plantilla de trabajadores, pero como todos los trabajos, tiene sus ventajas e inconvenientes y yo soy de las que ya quiero cambiar a una empresa más estable y conocer nuevos compañeros y lo que se llama tener una estabilidad económica, para no seguir estirando como el chicle los 426 € que cobro y hacer piruetas para vivir.

Mis amigos, mi familia… quienes me conocen de verdad me ayudan en todo lo que pueden pero claro, aquí lo de apretarse el cinturón no sólo nos toca a los que trabajamos para el INEM… y cada uno tiene su propia situación. Nadie dijo que todo era fácil.

Hay días que es mejor no levantarse de la cama y otros en los que parece que todo va genial.

Soy una persona de rutinas constantes, me levanto todos los días religiosamente a las 8:30 horas, desayuno leyendo “El caso” (o sea El Mundo, ABC, El País, La Razón). Tras una lectura entretenida me paso horas (y digo horas porque lo son), mandando CV y mirando ofertas de trabajo a todo lo que voy encontrando… estoy inscrita en todas las empresas de trabajo que pueden existir. No las voy a ennumerar porque eso será para otro capítulo.
 
Como la seda
Hago la casa, me ducho y me dirijo al gimnasio (que me lo paga una amiga) a cuidarme más mental que físicamente, hago mi clase de spinning, stretch, core,… y salgo de allí como la seda.

El que hoy me ponga a escribir ha sido por la siguiente anécdota que me ha pasado.

Desde el día 1 de julio nos cerraron nuestro gimnasio y nos han mandado a otro durante los dos meses de verano.  Un poco pesado, pues al mío iba andando y ahora tengo otro gasto más:  tengo que ir en coche pues me pilla bastante lejos, pero dejo de comer antes que dejar el gimnasio.

El nuevo gimnasio al que nos han mandado es un hotel de 5 estrellas. Os podéis imaginar la sensación: ¿qué hace una parada sin recursos en semejante lugar? Me llego a creer incluso que ya tengo algunos derechos en esta sociedad y soy alguien. Entro por la puerta más gorda de lo que soy, ¡qué gozada! Aunque por dentro pienso que qué absurdo materialismo con la que está cayendo...

Hago mis clases correspondientes y observo a las personas de mí alrededor,  o son compañeros de trabajo y están en un departamento distinto al mío dentro del INEM pues no les conozco, o están forrados y viven sin pegar palo al agua, porque aquello está lleno a las once y media de la mañana.  Algo que todavía no sé, pues sólo llevo una semana en este lugar... ya os lo iré contando.

Hoy domingo una compañera de mi antiguo gimnasio, que está en mi misma situación, hemos decidido hacer el gran esfuerzo de tomar un sándwich, el más barato de la maravillosa carta del “Pool” como llaman allí a la piscina (imaginaos el nivel de estupidez), con el 30% de descuento por ser socios y una cervecita.

Se han ido añadiendo al plan la pandilla del gimnasio. Por eso estoy escribiendo, se han reído de mí lo que no está escrito. Estábamos tomando el sol y recibo una primera llamada:
-          Soleee, ¿por dónde andas? ¿No estarás en el nuevo gym? (persona X)
-          Sole contesta:  Sí, estamos aquí en la piscina.
-          Genial  -contesta X- en un rato voy para allí, mándame un whatsApp para    decirme dónde está.

Sole le manda el correspondiente mensaje. C/… Carretera… toma la desviación… rotonda…, mis amigos empiezan ya a tomarme el pelo, mándale una foto de la puerta, el plano, o vete a buscarla… ja ja ja.

Que hace una persona sin recursos aquí.
Luego quien se va a creer que se puede vivir con 426 €
Tres de la tarde y ya deciden que no esperan más y que nos vamos a comer. Nos sentamos en la maravillosa terraza al lado del “pool” y nos pedimos lo más barato de la carta. Todos pensando en lo mismo: nos van a pegar una clavada que nos vamos a quedar tiesos. Y yo pensando: mira que tengo los euros contados y no me hace ninguna gracia.

Disfrutamos comiendo, nos reímos, tomamos cafés y son las cuatro y media de la tarde. La persona X  me vuelve a llamar.
-          Soleee que no sé llegar (esta mujer es la típica que puede tener un BMV color dorado comprado hace unos meses pues cambia de coche como de chaqueta).
Ideal para ir a cualquier lado

Mis amigos se parten de risa, ja ja ja, ya te hemos dicho que vayas a buscarla.
Le digo:
-          Pero mete la dirección al Tomtom del coche que te traerá solo.
-          Es que no sé -contesta-.

Sole le pasa al maître de la terraza y le explica con todo detalle cómo llegar.

Por supuesto, todos deciden volver a las tumbonas y la tonta de turno se queda a esperarla, porque la persona X no había comido. Al rato llega y, de lejos, los demás ya empiezan a hacerme gestos de que ya baja.

Aparece la persona X como si saliera del yate de Puerto Banús. Tacones, pamela, cartera de mano, kilo y medio de joyas que me imagino que tendría que hacer esfuerzos para ir recta pues le debía de pesar, móvil en la mano por supuesto… mejor no describirla, porque me daba hasta vergüenza. Me siento con ella, cariñosamente le explico cómo funciona todo el nuevo gym (como lo llama) y me dice:  -Voy a comer me esperas ¿verdad?

Mi pandilla destornillados de risa en las tumbonas; no daban crédito a lo estaban viendo. No conozco mucho a la persona X , pero como soy también guía turística y me da pena todo el mundo... allí estaba yo para atenderla.

Empieza a pedir: cerveza para poder ver bien la carta, yo me pido un vaso de agua, le traen la cerveza.
Pide: chuletón de ternera con verduras a lo no sé qué. Carta de vinos, elige un vino blanco, le abren la botella, lo cata, está conforme, yo sigo con el vaso de agua, le traen el chuletón, yo empiezo a salivar, me había comido un simple sándwich, otro vaso de vino y mientras hablando de todo lo que había hecho, bla, bla, bla, miro de reojo a mis compis, se siguen riendo y empiezan a ponerse las toallas en plan baberos. Decido pedirme un café con hielo, pues ya me parece demasiado estar ahí con el vaso de agua y pienso para mí: bueno total, me invitará al café. Termina su chuletón y para rematar se pide una copa de Dom Perignon  y pienso: tendrá la cortesía de pedir dos vasos. Yo ya no daba crédito. Le traen la copita con toda la parafernalia que tiene el servir ese champagne. Me equivoco otra vez  y sólo traen una copa. Mientras yo con mi cafecito, que ya sólo era hielo, o sea, agua. Y se lo empieza a beber con toda la tranquilidad, mientras yo ejerzo de oído: bla, bla, bla.

Muy propio todo para ir a la piscina y cómodo
Soy una persona que me gusta observarlo todo y mientras me hablaba de la dificultad de elegir entre comprarse un zapato con cierto tacón y cómo organizar sus vacaciones. Yo por dentro iba pensando si me dijeran puedes coger todo lo que esta estupenda mujer lleva encima me encontraba con el dilema de que no podría cogerle absolutamente nada es que ni el móvil porque lo lleva personalizado de cristales imitando a brillantes una cosa ideal. Al final llegue a la conclusión por mucha marca y etc., que llevara solo le cogería el dinero que llevaba en la cartera que eso es de curso legal y lo puedo reutilizar.  

Le digo, ya apurada: ¿pedimos la cuenta para disfrutar del sol?. Llama al camarero como si el pobre señor fuera menos que ella y le dice: -¿me trae mi cuenta? Y yo le digo al señor: -por favor, ¿me dice lo que le debo?.

Nos traen las dos cuentas: un café por un lado y otra con una comida opípara. En mi cuenta está hecho el descuento del 30%, con lo que el café me cuesta 2 €. En su cuenta no le habían hecho el descuento correspondiente y ¿quién le dice al camarero que le falta el descuento? Pues la tonta de Sole. El camarero, al darse cuenta que la señora de Puerto Banús no iba a pagar mi café, me viene todo amable y me dice: -Señora, está usted invitada al café por el hotel.

El café hasta me sonrió
 
Y aquí os dejo a vosotros para que saquéis la moraleja que creáis más oportuna. A  mí se me ocurren mil. Entre ellas, una sería colgarme un cartel de “Soy gilipollas” y otra que de todo se puede aprender.

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